Internacionales

Democracia 2015 ¿Último acto?

Este año se ha levantado el escenario más de una vez. Hemos procedido en nuestro deber democrático para sucesivas elecciones, estableciendo para ello, el escenario progresista/democrático que ha de tener como marco unas buenas elecciones como-dios-manda. Pero el de este domingo es el acto teatral de más grande envergadura: son las elecciones presidenciales y, por lo tanto, afectan a todo el país. Múltiples teatros, emplazados donde generalmente funcionan escuelas, se llenarán de actores a lo largo del territorio nacional. Se volverá a subir el telón temprano, por la mañana del domingo y subirán al escenario los actores establecidos por el padrón, uno tras otro, efectuando su morisqueta, su presentación, su esperada maniobra teatral, para -luego- saludar al público y bajarse del escenario, tal vez por última vez en el año.

¿Será que el argentino tiene, dentro de ese cocoliche que es la argentinidad, una esencia similar a toda su ciudadanía? ¿Será que en el fondo todos los argentinos no quieren ser DT’s sino actores? Porque en general hay mucha algarabía, mucha pleitesía, poca animosidad a levantarse el domingo y efectuar el consabido acto patriótico que ha de entronarnos a todos en nuestro papel multi-protagónico en el acting del año.

No es que quiera proponer un cuestionamiento abierto a nuestra democracia que-todo-lo-puede. No es eso. Pero sí es cierto que en otros países el voto es universal pero optativo, y no se observan ni los índices de presentación a las urnas (lo cual es esperable, dada la obligatoriedad), ni la alegría que tiene la gente de participar. Pero necesariamente tengo que recordar que la democracia es un concepto que atraviesa toda la historia. Tiene una raíz tradicional en el viejo derecho romano y la filosofía política de la antigua Grecia; otro matiz en el proceso de conversión a la modernidad, en donde fue clave para entender el nuevo ordenamiento de la comunidad como suma de individuos detentores de la soberanía; y una reformulación moderna como neologismo.

Ese neologismo es el que me interesa, ese que permite comprender la democracia como múltiples cosas. Como una especie de calamar gigante con muchos muchos brazos que lo abarca todo. Un pulpo inmenso que extiende sus incontables brazos para sujetarlo todo. Así, la democracia se vuelve el principio fundante de todas las cosas buenas que tiene la Argentina actual.

Es interesante (y restaría hacer un estudio de mayor rigor para poder comparar) que esta alegría para ejercer el derecho al sufragio no estaba tan latente antes del 2008. El comienzo de siglo vino aparejado de una crisis institucional muy fuerte. El llamado, ya mundialmente recordado, a “que se vayan todos” inundó las calles y culminó con el recuerdo de un helicóptero que huía de la casa de gobierno. El gran implementador del neo-liberalismo en Argentina, Domingo Cavallo, fue repudiado por unanimidad en un voto univoco que pedía su cabeza en un plato. Así se inauguraba un nuevo milenio en Argentina, prometedor, lleno de esperanzas para esta nueva democracia que aparte de curar, enseñar y alimentar, empezaba a escuchar las voces del pueblo que tenía atragantado el hambre en su grito de nuevas exigencias. Pero como casi siempre, o siempre dirán algunos, las revueltas por romper el orden establecido terminan por volverse un simple reacomodamiento de piezas. Entonces, el “que se vayan todos” se transformó en un “que se vayan unos pocos chivos expiatorios” y en un “hagamos rotación”: nuevas caras para la gente, de viejos gestores de las mismas políticas que el pueblo condenaba.

Reinventada, la democracia, como un concepto capaz de ser inscripto en cualquier representación de cualquier grupo político (no necesariamente político), se volvió parte del discurso propio de una pos-modernidad vacía que llena las palabras de significados diversos según el interés del hablante. Así es que la democracia reaparece en los últimos años como motivo de festejo. Es un festejo porque no hay dictadura, es un festejo porque la democracia cura, porque alimenta, porque educa, porque manda satélites al espacio y porque nos da fútbol para todos, permitiéndonos ver los goles que el neo-liberalismo secuestró. El epíteto “para todos” se transformó en voz de lucha y en emisión de fe y esperanza. Y mucha gente, voluntariosamente y con alegría, emprendió el camino hacia la confianza en un modelo que ya lleva doce años y que sus seguidores no parecen ver agotado. Pero como la identidad se construye a partir del opuesto, del festejo de la democracia surgieron los opositores a arrogarse la fiesta. No es cuestión de desmentir un mito bien fundado, sino que lo importante es convertirse en el propulsor del discurso.

Así, entonces, nos enfrentaremos este domingo a la posibilidad de elegir entre seis frentes que se yerguen sobre los que quedaron atrás, como adalides del sentir democrático del pueblo. Entre ellos están las derechas, con grises, que esperan el triunfo. Los únicos que esperan el esperado acto del domingo son ellos: los massistas, sciolistas y macristas, verdadero público de la obra. Ellos estarán expectantes a que suba y baje el telón, a que se escuche la voz que anuncia el fin del esperado último acto del año. Del otro lado, los que saben que no alcanzarán el lugar al que aspiran, tienen otros objetivos: mantener cierto espacio de poder, vincularse a nuevos sectores del gobierno, conseguir un lugar para pelear leyes en el congreso.

Pero todos juegan el mismo juego. La democracia se ha exaltado de tal modo que ya se extiende como un manto de verdad sobre la propia realidad. Los otrora revolucionarios de izquierda adscriben al modelo y transforman el discurso troskista en una receta también posmoderna que repite slogans y trata de adaptarse a las normas del teatro. Porque de eso se trata la obra, de respetar las reglas de un juego arbitrario y construir un escenario creible. Entonces, mientras que la facción oficialista, históricamente vinculada al movimiento obrero pregona más represión y policías, el discurso obrerista del FIT se traduce en fórmulas más discretas, apelando a los trabajadores y a las mujeres, escindiendo unos de otros y contradiciéndose en su propia plataforma. Por su parte, la UCR, cada vez menos radical, aspira a reinventarse bajo otros nombres y disfraza sus posturas (más cercanas a la izquierda) en una mística honestista. La oposición de derecha, dividida, le hace el juego al oficialismo y, dándose cuenta de cómo juegan las encuestas, piden mantener un modelo que ellos no comparten, pero recordando a su público que irán por más represión o más derechos sociales, según les convenga.

El pueblo, como siempre, será parte del juego. Se acercará a las urnas y votará como dicen las encuestas. Esas que nadie sabe de donde salen, pero que siempre tienen los datos precisos. La mística del ganador siempre está presente y el que no vota al que va a ganar, quiere al menos votar al que pueda salir segundo. En un país donde la gran mayoría se cree de clase media esto no es de extrañar, es sabido que cuando el hambre apremia, las clases medias se apoyan con las más bajas para apañar el frío; pero, en cuanto pueden, se abren paso de las dificultades, abrazan la democracia, y estampan el voto que mantiene las cosas como están. Es el miedo a perder el status quo, de la mano de cierta idea, probablemente bien fundada, de que aquellos que no tienen un fuerte aparato ya instaurado en el Estado, no pueden gobernar, puesto que los otros se lo volverán imposible.

De eso se trata la democracia. De que gane el que tiene que ganar, porque el resto no podría. Entonces, ¿dónde está la elección del pueblo? La elección está en decidir ser parte de la farsa. Salir felices el domingo y poner la boleta en el sobre, entregarlo con una sonrisa y esperar a que baje el telón, y así saber que una vez más se fue protagonista de ese acto denso, reiterativo, que consiste siempre en reproducir el orden establecido.

Etiquetas

Nicolás Rubens

Editor en Segundo Enfoque.

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Close