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El mito del voto “en blanco” y el ballotage

Elecciones 2015.- Los resultados de las elecciones presidenciales del pasado domingo sorprendieron a muchos ciudadanos e incluso a varios de los involucrados. Más de un civil comentó al pasar las caras que puso María Eugenia Vidal cuando vio que superaba por tanta diferencia a Aníbal Fernández y se convertía en la nueva gobernadora de la provincia de Buenos Aires. Pero lo que más suscitó todo tipo comentarios entre la gente y las redes sociales fue la poca diferencia que le sacó Daniel Scioli a Mauricio Macri en la carrera presidencial. La noticia del ballotage por apenas dos puntos de diferencia se estableció como trending topic en la web.

Como ya analizó segundoenfoque, el batacazo de Cambiemos se dio también en diversas intendencias del conurbano bonaerense. Además, la victoria de Macri en Córdoba dio que hablar, ya que José Manuel De la Sota arrasó (como siempre) en las PASO, pero su competidor en la interna del Frente Renovador, Sergio Massa, quedó lejos en las elecciones de La Docta. El 22 de noviembre se definirá la elección, en un ballotage que auspicia un resultado incógnito. Las encuestas, siempre controvertidas, fueron esta vez fuertemente cuestionadas tras el resultado tan dispar a lo supuesto en la previa.

En números concretos, el Frente para la Victoria y Cambiemos quedaron distanciados por unos seiscientos mil votos. En un total de veinticuatro millones de votantes, la diferencia no es grande. El matemático y periodista, Adrián Paenza, realizó un somero análisis para Radio Continental, suponiendo un total de 4 millones de votos en blanco: si bajamos el 100% de votantes, de 24 millones a 20 millones, los votos que sacó Scioli (alrededor de 9 millones) estarían a solo un millón de votos más de alcanzar la mitad, mientras que Macri precisaría más o menos un millón y medio. Según el resumen de Paenza, el famoso voto “en blanco” estaría beneficiando al “ganador” (al que sacó más votos en primera vuelta), como se suele decir.

La realidad es que el voto negativo, lo único que hace, es recortar el número total que conforma el 100%, eso no garantiza un apoyo necesariamente a quien mejor le fue en primera vuelta por muchas razones. Primero, y principal, en el ballotage no cuenta el porcentaje: gana el que tiene un voto más. Segundo, según la presentación anterior, hay que suponer que los que votaron a las dos principales fuerzas políticas en primera vuelta lo harán nuevamente el próximo 22 de noviembre y tomar los porcentajes de la primera vuelta para llegar a esas conclusiones. Tercero, precisa también contar los votos de Massa como los únicos que pueden ser seducidos por los dos frentes que quedaron. Cuarto, y último, no tiene en cuenta los votos que fueron para el PJ Alianza Compromiso Federal y a Progresistas, y justamaente la diferencia que se sacaron Macri y Scioli es, aproximadamente, la cantidad de votos que sacó Margarita Stolbizer (quien entablaría un acuerdo con el frente Cambiemos).

El voto en blanco no es voto para el ganador, sino una forma de abstenerse. Se achica el número de votantes y los porcentajes se agrandan cuando los números involucrados son menores. Además, el voto en blanco puede ser entendido como un voto deslegitimador: un alto porcentaje podría indicar que el presidente electo con más del 50% de los votos positivos no significa verdaderamente más de la mitad de los votantes. En menos de un mes, finalmente, concurriremos por última vez en el año a las urnas, esta vez para definir el mandato presidencial que habrá de plantear las políticas y los caminos para los próximos cuatros años del país.

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Nicolás Rubens

Editor en Segundo Enfoque.

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