Cultura

Glaxo de Hernán Ronsino

Glaxo, del joven escritor Hernán Ronsino, es una novela cuya historia está construida de manera impecable. Cuatro monólogos en cuatro épocas diferentes se le presentan al lector que tendrá el desafío – y el beneficio- de escuchar todas las campanas y así ordenar el relato. Valdemann será el primero en monologar y con él nos situaremos en el año 1959. Luego seguiremos con el Bicho Souza en el año 1966. A él le seguirá Miguelito Barrios en 1973 y terminaremos con Folcada en 1984. Estas cuatro voces, hablaran sobre un lugar en común: su pueblo y en él, el tren, el cine, la peluquería, los cañaverales y la fábrica que lleva el nombre del libro, Glaxo. Cada relato girará en torno a dos cuestiones paralelas, por un lado, estarán atravesadas y resignificarán el epígrafe con el que nos encontramos al comenzar el libro: una cita del libro Operación Masacre, de Rodolfo Walsh. Por el otro, a su vez, nos revelarán también, el origen de una traición y sus consecuencias en los personajes.

En este pueblo de provincia, la diversidad de voces rememora la violencia política de la historia argentina en la época del 50. Una de estas voces, la de Folcada, emerge del grupo de fusiladores de la masacre de José León Suarez. Un suboficial que luego de participar de los fusilamientos de los detenidos peronistas en el basural del conurbano, fue trasladado al pueblo y desde ese lugar cuenta su relato.
Este trasfondo histórico-político será el contexto en el que se desarrollará, a su vez, una historia más local, una tragedia que se desencadenará a partir de la presencia de una mujer que, de un modo u otro, se relacionará con las voces que narran los sucesos.

Así, la novela se teje a partir de estas piezas de rompecabezas que se nos presentan desordenadas y que lograremos ubicar en su lugar, recién al terminar toda la lectura. Según en qué año nos encontremos, viviremos el ambiente que da señales de que algo va a pasar o, por el contrario, sentiremos el peso de lo que ya pasó y no puede echarse para atrás.

Si bien en un comienzo, la masacre que ocurrió en José León Suárez durante el gobierno de facto parece ubicarse como tema central, a medida en que vamos uniendo todos los testimonios, nos damos cuenta de que en Glaxo pasan otras cosas también y que se cuenta la historia de un crimen de índole pasional sobre el cual no tendremos toda la información a menos que lleguemos al final.

Glaxo es una novela que trae a relieve un contexto histórico complejo de nuestra historia. A su vez, además de la tragedia histórica, nos convoca con una tragedia más pequeña, más de pueblo, pero no por ello, menos aplastante. Y se presenta fragmentariamente, invitando al lector -único privilegiado para ganar el juego de rompecabezas- a reconstruir el relato a partir de todas las voces a las que sólo él accede.

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